¿Te lesionas siempre en el mismo sitio? Las lesiones deportivas repetitivas no son mala suerte. Tienen una explicación – y más de una manera de abordarlo.
Por qué nos lesionamos donde nos lesionamos
Nos lesionamos siempre en los mismos sitios por una combinación de razones fisiológicas e históricas.
Por un lado, cada persona tiene particularidades físicas: en el desarrollo de un hueso, una articulación, la musculatura, o incluso en cómo percibimos nuestro propio cuerpo en el espacio. Por otro, llevamos toda una vida acumulando hábitos inconscientes – de movimiento, de respiración, de postura – que con el tiempo crean «patrones» dentro de los cuales funcionamos en todas nuestras actividades. Y llevamos también nuestra historia de traumas – físicos y psicológicos, que se alimentan mutuamente – que modifican de manera duradera cómo usamos nuestro cuerpo, muchas veces sin darnos cuenta.
El resultado: tenemos zonas más vulnerables y llevamos años compensando sin darnos cuenta. Cuando la musculatura de soporte – la musculatura profunda – no hace su trabajo, el cuerpo compensa usando la musculatura superficial para todo. Esta musculatura no está diseñada para esa función, y acaba sobrecargando músculos y articulaciones que no deberían cargar con ese peso – en la vida cotidiana, no solo en el deporte. Así, ciertas zonas acumulan tensión y desgaste de forma continua. Y cuando el nivel de esfuerzo sube de golpe, es exactamente ahí donde el cuerpo dice basta.
Mi historia (o: cómo dejé el flamenco después de haberme machacado el pie)
Yo tengo una tendencia de toda la vida a sobrecargar mi pierna izquierda cuando estoy de pie – o «parada», como dicen mis amigos latinoamericanos.
De joven, dolores en la rodilla izquierda. Los kinesiterapeutas (en Francia no vamos a la clínica de fisioterapia, sino a la clínica de «kiné») me mandaban «reforzar la musculatura». Resultado: mejoría temporal, patrón intacto.
Más tarde, mi cadera izquierda tendía a dislocarse levemente. Luego, con la práctica intensiva del flamenco, me estropeé la articulación del dedo gordo del pie derecho. Todos estos puntos tenían algo en común: sobrecargados de toda la vida. Cuando subió la intensidad, cedieron.
Llegó un momento en que tuve que abandonar la práctica del flamenco al nivel que me correspondía. «Mi pie» no lo aguantaba.
La Técnica Alexander: cuando todo empieza a encajar
A los 40 años había oído hablar de la Técnica Alexander, y leí un libro sobre ella. Tenía la intuición de que mis «debilidades» físicas tenían que ver con un problema más general de equilibrio que podría mejorar. Y quizás – solo quizás – podría volver a bailar como quería.
En la primera clase ya flipé: desde «la nada» (aparentemente), hubo un «crujido» en mi articulación chunga del pie. Y con cada hora más de práctica de la Técnica Alexander, pude andar mejor y bailar de nuevo sin dolor.
Hasta descubrí que llevaba la talla de zapatos equivocada. Cosas que pasan.
Hoy mi pie está mejor que hace un par de años. Mi juanete (hallux valgus) no empeora – incluso mejora. Solo tengo molestias en las rodillas después de entrenar patadas en el fitboxing (que es como el kickboxing pero sin combate, solo practicando los golpes… con música y muy buen rollo – os cuento más en mi canal de YouTube si os interesa).
¿Qué tiene que ver todo esto con «entrena más, lesiónate menos»?
Que el problema raramente está en cuánto entrenas. Está en cómo te mueves – y en los patrones que llevas contigo sin saberlo.
La Técnica Alexander no refuerza la musculatura de la zona lesionada ni te manda hacer ejercicios en casa. Trabaja algo más fundamental: cómo usas tu cuerpo en cada movimiento. Cuando ese uso cambia, las lesiones deportivas dejan de repetirse.
Entrena más. Lesiónate menos. No es un eslogan – es lo que pasa cuando entiendes por qué te lesionas.

